El piso terapéutico y el ingreso hospitalario son dos recursos distintos que cubren situaciones distintas. La elección entre uno u otro depende del estado clínico, la motivación y los objetivos del proceso.
Diferencias principales:
- Entorno: el ingreso hospitalario es un dispositivo médico cerrado, con uniformes, horarios sanitarios y arquitectura clínica. El piso terapéutico es un domicilio compartido, con vida cotidiana real, cocina, espacios comunes y mobiliario doméstico.
- Autonomía: en el ingreso hospitalario la autonomía del paciente está muy restringida (es necesario en momentos de crisis aguda). En el piso terapéutico hay normas y supervisión, pero los residentes participan activamente en la vida diaria: tareas domésticas, salidas progresivas, gestión personal.
- Perfil clínico: el ingreso es para descompensaciones agudas, riesgo vital, necesidad de desintoxicación con vigilancia médica intensiva, o estados psicóticos. El piso terapéutico es para fases de estabilización y consolidación, no de crisis aguda.
- Duración: los ingresos hospitalarios suelen ser cortos (días o pocas semanas). Las estancias en piso son más largas (típicamente 3-9 meses), porque el objetivo es consolidar cambios sostenibles.
- Coste: el piso terapéutico es notablemente más asequible que un ingreso en hospital privado, manteniendo intensidad terapéutica alta.
- Reinserción: el piso integra desde el principio elementos de vida cotidiana —trabajo, formación, relaciones— como parte del proceso. En el hospital la reinserción se trabaja después del alta.
En la práctica, ambos recursos pueden ser secuenciales: ingreso hospitalario en una fase aguda y posterior paso a piso terapéutico para consolidar. En la valoración inicial determinamos qué dispositivo se ajusta mejor al momento del paciente.