La duración del tratamiento depende de varios factores: el tiempo de consumo, las cantidades, la presencia de patología dual (depresión, ansiedad, trastornos de personalidad) y el apoyo del entorno. Aun así, hay un esquema de referencia que sí podemos compartir.
Fase intensiva (3-6 meses). Es la etapa más exigente. Incluye sesiones semanales —y a veces dos por semana al inicio—, controles toxicológicos en orina, valoración psiquiátrica y, si está indicado, tratamiento farmacológico para reducir el craving o tratar síntomas asociados. El objetivo es alcanzar abstinencia estable y entender los detonantes del consumo.
Fase de consolidación (6-12 meses). Las sesiones se espacian a quincenales y luego mensuales. Trabajamos prevención de recaídas, reestructuración del estilo de vida y, cuando es necesario, terapia de pareja o familiar para reparar dinámicas dañadas durante el consumo activo.
Mantenimiento (12-24 meses desde el inicio). Revisiones cada 1-3 meses para sostener los logros y detectar señales de alarma a tiempo. Muchos pacientes valoran este seguimiento como la red de seguridad que les permite volver a confiar en sí mismos.
En resumen: el "tratamiento" no son solo las primeras semanas. La recuperación se consolida con tiempo, y la mayoría de pacientes mantienen algún tipo de seguimiento durante al menos dos años.